Por Maria Bulla
Hoy no hubo un anuncio de inversiones millonarias. No hubo, tampoco, un gran acto en la Casa Rosada. La noticia de hoy es que la Presidenta Cristina Fernández tiene cuenta en twitter. Y el dato no es menor.
Cristina se suma a la extensa lista de políticos que eligieron este microblog social para comunicarse “con los ciudadanos”. Me reservo las comillas, porque los ciudadanos de twitter siguen teniendo poco que ver con el electorado general.
La mutación de los mensajes políticos en twitter crece a pasos acelerados. Hace no mucho más que unos meses, los pocos políticos que se atrevían a twittear sólo se arriesgaban a armar mensajes del estilo “Inauguramos nuevos hospitales”, a lo que le sumaban un link que llevaba a una nota sobre el tema o, los más osados, una imagen del lugar. Esto es, la fórmula de 140 caracteres de los políticos era: Titular acartonado + link (o foto).
Hoy, unos pocos meses después de los primeros intentos de la política en twitter,, los políticos se animan a soltarse en la red social, y hasta encarnan peleas virtuales – por ejemplo Timerman vs. Leuco – e intentan mensajes descontracturados y con humor.
La delgada línea entre lo gracioso y lo peligroso por el carácter público de los personajes, está a la orden del día. El twitter se convirtió en fuente para los periodistas y se escriben notas enteras en base a los twitteos de los funcionarios, esto es una forma de democratizar la información política, aunque a veces se corra un riesgo con el origen de la fuente.
La Política 2.0 llega recargada y los políticos, deberán acostumbrarse al feedback de los usuarios, muchas veces cargados de críticas. Del discurso desde el atril, al ida y vuelta online hay un paso gigante e irreversible en pos de la comunicación bidireccional, que la política ha decidido dar.




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